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sábado, 29 de mayo de 2010

¿Violeta Parra es parte de la ''Historia''?



El historiador crítico frances Marc Bloch (Introducción a la Historia, Breviario Fondo de Cultura Económica) distingue una raiz común entre comprender y juzgar. Ambas intentan por esencia dilucidar una verdad mediante la recolección de datos, esto mediante fuentes de diversa naturaleza, las cuales a su vez no se ven modificadas por las apreciaciones personales del investigador. Sin embargo quien comprende (‘el Sabio’ en palabras de Bloch) se queda solo con lo descubierto, mientras que el juez, a partir de lo comprendido, dictamina, propone resoluciones que él considera pertinentes. Se infiere entonces que quién juzga sí comprende, pero paradójicamente tras sentenciar, obstruye la comprensión total, pues su misma proposición estimula la generación de mayores y variadas problemáticas, se da origen a una convergencia de análisis (al resultar lo juzgado sujeto a juzgar) y finalmente queda la finalidad del objeto de estudio, descuidado.

Aplicare y explicare estas concepciones analizando desde ambas perspectivas por ejemplo, ‘‘la influencia de Violeta Parra en la historiografía cultural nacional’’

Destaquemos por un lado los hechos: sus hitos, sus obras visuales, musicales (como Gracias a la Vida) y poéticas, inclusive sus testimonios. Al erigirse como fuentes de primer orden, ya que la información brindada es develada por la misma persona a estudiar, disponemos de una base consistente y esencial para desarrollar un análisis histórico verídico y objetivo.

¿Por qué? Por la misma razón que destacaba Bloch en su texto, responden a datos que nos pueden llevar a comprender su perspectiva desde cualquier prisma, promueve en su certeza un rango de acción investigativa amplia, y en este caso en particular, nos lleva a reconocer sin caer en opiniones y creencias, el porqué Violeta Parra significa un icono sin precedentes en el desarrollo de la cultura artística chilena. Dicho de otro modo, inspirados en conocimientos sin mayores espacios de filtraje, la historiografía sucede de manera natural, descansa finalmente en las manos de quienes interpreten este contenido (como nosotros). En este punto Bloch apunta a historiadores sabios, responsables y entendidos refiriéndose a aquellos quienes se reservan sus juicios en la fase de indagación (no cataloguen de bueno o malo lo que en un principio dedujeron) y aun más, comprendan los factores contextuales (esferas de existencia, desde la sociedad del pasado hasta la vida misma del individuo) por las cuales esta información se moviliza y está inserta.

Es en este momento donde el límite entre la objetividad y la subjetividad del estudio histórico entra en juego. Ya vistas las fuentes antes mencionadas, es fácil generarse una opinión respecto a lo visto, y seguir sustentando el foco de nuestro estudio extrapolando lo palpable, todo lo que resulte ser un hecho. A primera vista podemos creer que la nueva producción resulta imparcial, pero si lo atendemos con atención repararemos en que ya no estamos hablando de ‘‘la influencia de Violeta Parra en la historiografía cultural nacional’’ propiamente tal, sino de ‘‘la influencia que segun yo creo que Violeta Parra brindó en la historiografía cultural nacional’’. Dicho esto podemos por un lado ver que este juicio no se escapa de la comprensión. Puede encarnar una apreciación que diste mucho del sentido común, que guarde un sólido cuerpo de respaldos en sus argumentos, pero aun así para la ciencia social crítica no significa una fuente significativa para describir la Historia, las formas por las cuales la existencia humana se ha expresado a lo largo del tiempo. Es decir, toda intención de hacer presencia sobre las presencias a comprender o comprendidas las difumina y las reserva a intencionalidades particulares. Intenciones por las cuales se puede discutir eternamente la veracidad o falsedad de lo expuesto y por lo cual también el objeto de estudio jamás será alcanzado.

En resumen, el paradigma crítico de las ciencias sociales (de la cual Bloch resulta ser uno de sus artífices más fuertes) y del desarrollo de la historia como ciencia en particular, comprende a una Violeta Parra a través de su existencia, de sus expresiones de existencia, de su arte, de su Gracias a la Vida. A través de las condiciones que la llevaron a (y que nos hacen entender que) re-evolucionó el canto popular. Sin embargo no discrimina, ni juzga si ellas son de alta o baja calidad, es historia porque existió y porque sensibilizó otras existencias. Esa es la historia en definitiva, somos historia.

viernes, 23 de abril de 2010

¿Por qué enseñamos Arte en ‘realidad’?



Para la Fenomenología de la Percepción (Maurice Merleau-Ponty), la corporeidad, es decir la cualidad de proyectar la propia conciencia a través del cuerpo, es el modo por el cual cada persona internaliza el conocimiento de forma significativa. Saber y ser parte de la realidad o dicho de otra manera, aprender, implica que el individuo confronte el cuerpo concienciado del cual es dueño, con los objetos y los sujetos reunidos en el entorno próximo, el cual a través del mismo proceso, va creciendo y suscitando nuevos desafíos. No por nada para el paradigma fenomenológico el mundo es ‘verbo’, un misterio por necesidad humana.

Suena un tanto abstracto esta concepción en primera instancia, sin embargo ya las teorías constructivistas de Piaget y Vigotsky se encargaron de probar científicamente el valor fundamental que posee la interacción sujeto-objeto y sujeto-sujeto para el desarrollo de la psicología infantil. Casi por espontaneidad, se da lugar este diálogo (intersubjetividad) en la vida inicial de todo individuo. Sin embargo, cuando el niño llega al sistema formal de aprendizaje reglado por la sociedad (escuela), su participación decrece considerablemente, mermando la esencia de esta forma de adquirir el conocimiento a través de modelos pedagógicos basados en la memorización y la simple acumulación de datos. Conceptos por sobre procesos, una problemática muy frecuente en los establecimientos educacionales de nuestro país, y un desafío para los docentes contemporáneos.

Es en este escenario donde entra el subsector de Educación Artística. ¿Qué labor cumple esta asignatura en el sistema? Depende de la concepción de aprendizaje que goce el docente que enseñará música o expresiones visuales. Si intenta conferir un sin fin de información y busca que los alumnos solo ‘conozcan’ el arte (algo que ocurre con mucha frecuencia), la instrucción será descontextualizada, destemporalizada y lo más triste, impersonalizada, superficial. Ello dado porque el sentido pedagógico que guarda el saber a enseñar es difuso, no incorpora una inclusión intencionada y progresiva del concepto. Vale decir, redescribiendo sus representaciones.

Por otro lado está el pedagogo que entiende la corporeidad del estudiante como método de aprendizaje consistente ¿Cómo lo hará? En primera instancia entendiendo la importancia que posee esta instrucción en el sistema. Y tal trascendencia radica en que este subsector disfruta de un escenario pedagógico flexible, que permite que esta forma de conquista de saberes permanezca en el tiempo, en el aula.

Vale decir, esta clase de profesional educativo debe luchar por proyectar el saber artístico en la sala, pues entiende que los niños aprenderán en la medida que la estética sea a conciencia, tangible, cercana. Ello mediante actividades lúdicas y originales que estimulen la creatividad, la autonomía y el trabajo en equipo entre los niños. ¿Por qué? Porque crear, tener responsabilidad directa en la enseñanza y necesitar a otros para llegar a un fin, estimulan las interacciones y lo que es mejor, educan la inteligencia emocional del niño.

Por ende, promover la interdependencia entre el contenido sensible en si (en el caso de la música, escuchar, interpretar y componer el contenido) y las formas de representarlo en nuestra conciencia, no solo significa la obtención de un nuevo contenido, si no una apelación hacia el cómo existir, hacia el saber ser para la vida, hacia una educación integral.